Metas, Ansiedad y Dependencia: Aprendiendo a Vivir Bajo el Cuidado del Padre


Introducción

Cuando tomé la decisión de hablar acerca de las metas y los propósitos para este año, les confieso que mi panorama era otro.

Pero el 3 de enero, cuando sucedió lo de mi país, de repente comenzaron a cambiar algunos de los planes que ya había escrito para este año. Y es que, muchas veces, ocurren circunstancias que alteran nuestros planes, aun aquellos que creíamos bien definidos.

En medio de todo esto, me di cuenta de que yo misma estaba cayendo en ansiedad por toda la situación de Venezuela.

Las últimas dos semanas han sido intensas: pensando qué hacer, si volvemos, si nos quedamos. Lloramos, reímos, nos estresamos. Pensamos en ayunar, orar, buscar dirección para tomar decisiones. Pero lejos de buscar realmente la voluntad de Dios, me di cuenta de que muchas veces solo estaba tratando de llenar una agenda de planes, intentando cumplir un deseo cuyo lugar no tenía claro dentro del plan divino y eterno del Señor.

Y en todo este proceso, me llené la boca diciendo que confiaba en el Señor, que Él tenía el control. Tal vez muchos me veían orando. Pero en el fondo, seguía pensando que yo tenía mi propio plan y que lo único que quería era que el Señor lo aprobara.

Externamente parecía depender de Dios, pero internamente seguía siendo yo quien quería tener el control.

Así que me detuve y me dije: “Para, Luissana Jeanty. Revisa tu corazón.”
Porque por un momento estaba perdiendo algo esencial: mi dependencia de Dios.

Al sumergirme en la escritura para vaciar mi corazón y reflexionar sobre lo que he aprendido en mi caminar con el Señor, me hice una pregunta honesta:
¿Por qué escribo?
¿Por qué hablo de propósito y de dejarle el control al Señor?

¿Lo hago con la convicción de que Dios cumpla Su propósito en mi vida, o para que otros vean que soy una mujer llena de Dios?

Y al unir todo lo que ha sucedido en estas semanas, el Señor me llevó a Mateo 6.


Verdad Bíblica

Metas: ¿Para quién vivo?

Analicemos Mateo 6 desde el principio.

Jesús comienza diciendo:

“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.”

Desde el inicio del capítulo, el Señor corrige la motivación detrás de nuestras metas espirituales: dar, orar, ayunar, servir, escribir.

El problema no es hacer cosas buenas, sino hacerlas para ser vistos. Una meta equivocada puede convertir incluso la piedad en idolatría del yo.

Parte de mis planes para este año incluye escribir, y eso es algo bueno. Pero mi corazón debe estar alineado a lo correcto: que Dios se glorifique, no que yo me glorifique. Porque si oro, predico, ayuno o escribo para que otros me vean, entonces mi meta está equivocada.

Jesús no condena la disciplina espiritual; condena el deseo secreto de aprobación humana como recompensa principal.
Y como bien se ha dicho: una religión usada para exhibirse es como una lámpara sin aceite: tiene forma, pero no tiene vida.

Yo vivo para agradar a Dios. Así que incluso las cosas buenas que hago deben rendirle honra a Él, no a mí.

La Biblia dice en Salmos 37:5:

“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en Él; y Él hará.”

Vivimos para nuestro Señor. Nuestra vida le pertenece. Y aunque es duro reconocerlo, debemos encomendarle nuestros caminos y nuestros planes, haciendo cosas que le agraden, no para que seamos glorificados nosotros, sino para que Él reciba toda la gloria.

Debemos:

  • Encomendar
  • Confiar
  • Esperar en que Él hará

Incluso si nuestros planes son ministeriales, todos deben existir para honrar al Señor. Y esta es una línea muy delgada cuando queremos “hacer las cosas bien”.

Preguntas clave:

  • ¿Mis metas buscan la gloria de Dios o la validación de otros?
  • ¿Me sentiría satisfecho si nadie aplaude lo que hago?

Principio:

Una meta correcta puede hacerse incorrecta si el corazón busca la recompensa equivocada.


2. Ansiedad: el afán como falsa seguridad

Mateo 6:25–34

Jesús aborda directamente la ansiedad: la comida, el vestido, el futuro; esas necesidades básicas que creemos nos dan seguridad.

La ansiedad es una forma sutil de desconfianza en la providencia de Dios, y eso es pecado. Desconfiar es negar el amor y el cuidado del Padre, es negar Su esencia.

Jesús lo expresa claramente cuando dice:

“Mirad las aves del cielo… vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”

El Padre cuida de ti, y tú tienes un valor inmenso para Él. Entrar en ansiedad es entrar en desconfianza (y confieso que muchas veces peco en esto).

El afán no es solo una preocupación emocional; es una actitud que asume que todo depende de mí. Eso fue exactamente lo que me sucedió en estos días: hablaba de propósitos eternos, pero en mi interior vivía como si todo estuviera en mis manos.

¡Y no es así!
Quien controla mi existencia es el Dios Todopoderoso: mi Padre celestial, mi Señor Jesucristo y el Espíritu Santo.

Como se ha dicho sabiamente:

“La ansiedad no vacía el mañana de su tristeza, pero sí vacía el hoy de su fuerza.”

Perdemos fuerzas cuando vivimos pensando en el mañana como si nosotros lo controláramos, cuando en realidad nuestro mañana depende de Dios.

Jesús no minimiza nuestras necesidades reales, pero confronta nuestra ilusión de control.

La ansiedad aparece cuando:

  • Las metas se convierten en cargas absolutas
  • El futuro se vuelve un juez constante
  • Dios es consultado, pero no confiado

Principio:

La ansiedad crece cuando el futuro ocupa el lugar que solo Dios debe ocupar.


3. Dependencia: buscar primero el Reino

Jesús continúa diciendo que el Padre sabe de qué cosas tenemos necesidad, y luego declara la clave de todo el capítulo:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”
(Mateo 6:33)

Este versículo es el eje de todo Mateo 6.

Buscar primero implica prioridad, no exclusividad. Dios gobierna el orden de todo lo demás.
El Reino no es pasividad, es alineación: trabajamos, planeamos y sembramos, pero bajo un señorío mayor.

Dios sabe lo que necesitamos y cuándo lo necesitamos. Él conoce nuestros planes mejor que nosotros mismos. Por eso, nuestra respuesta debe ser dependencia total.

Dependencia bíblica no es:

  • Falta de planificación
  • Negligencia
  • Espiritualizar la pereza

Dependencia bíblica es:

  • Planear con oración
  • Trabajar con fe
  • Descansar sin ansiedad

Principio:

La dependencia verdadera no elimina las metas, las libera del peso de ser dioses.


4. Ansiedad vs. Dependencia

AnsiedadDependencia
Todo depende de míDios gobierna mi provisión
Metas como identidadMetas como mayordomía
Miedo a perderConfianza en obedecer
El futuro domina el presenteDios sostiene cada día

Cierre – Oración

Dios no promete darte hoy la fuerza para mañana, sino la gracia suficiente para hoy.

Mateo 6 no nos llama a dejar de soñar, sino a soñar bajo el cielo, donde:

  • Las metas sirven al Reino
  • La ansiedad es confrontada por la fe
  • La dependencia se vive cada día

Señor, hoy hacemos una lista de lo que queremos hacer este año y la llevamos a la cruz de Cristo. Con humildad y dependencia, reconocemos que nuestra vida depende de Ti.
Encomendamos nuestros caminos, confiamos en Ti y esperamos que Tú hagas conforme a Tu perfecta voluntad.

Amén.

Por Luissana Jeanty


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