Serie : Héroes de la Fe. Rahab: La Menos Esperada en el Salón de la Fe

Serie: Heroes de la Fe. Rahab: La Menos Esperada en el Salón de la Fe

Devocional · Héroes de la Fe · Semana 1

Rahab: La Menos Esperada en el Salón de la Fe

Josué 2:1-21 · Hebreos 11:31 · Mateo 1:5

Si tú y yo hubiéramos hecho la lista de los héroes de la fe, probablemente no habríamos incluido a Rahab. Era una mujer gentil, vivía en Jericó, ciudad enemiga del pueblo de Dios, y el texto no nos deja ninguna duda sobre su oficio: era una ramera. No tenía historial religioso. No tenía acceso a las Escrituras. No pertenecía al pueblo del pacto.

Y sin embargo el Espíritu Santo la incluyó en Hebreos 11, en el mismo salón donde están Abraham, Noé y Enoc. Eso no es un error. Eso es la gracia de Dios hablando más alto que cualquier condición humana.

«Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz.»

Hebreos 11:31 — RVR60

La fe que nació de lo que oyó

Lo primero que debemos notar en la historia de Rahab es de dónde vino su fe. No vino de una visión. No vino de una experiencia sobrenatural directa. Vino de algo que oyó. Cuando los espías entran a su casa, ella les dice algo que me parece uno de los momentos más poderosos del libro de Josué:

«Sé que Jehová os ha entregado esta tierra… porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto.»

Josué 2:9-10 — RVR60

Hemos oído. Ella había escuchado lo que Jehová había hecho. Las aguas del Mar Rojo, los reyes vencidos, las proezas del Dios de Israel. Ese testimonio llegó a sus oídos, y en lugar de desestimarlo como hacía todo el pueblo de Jericó, ella lo recibió como verdad. Y esa recepción se convirtió en fe.

Esto es exactamente lo que dice Romanos 10:17: «la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.» Rahab no tenía la Torah. No tenía sacerdotes ni templo. Pero tenía el testimonio de las obras de Dios, y ese testimonio fue suficiente para producir fe en su corazón. Solo podemos creer en el Señor cuando su Palabra se internaliza en nuestra vida, cuando escuchamos lo que Él ha hecho y lo recibimos como verdad que nos transforma.

Y fijémonos en algo más. Todo Jericó había oído lo mismo que Rahab. El versículo 11 dice que cuando oyeron estas cosas, el corazón del pueblo desmayó. Todos escucharon. Pero solo Rahab creyó. El testimonio llega a todos por igual. Lo que hace la diferencia es el corazón que lo recibe.

El cordón de grana — la única señal segura

Cuando Rahab ayuda a los espías a escapar, les pide algo a cambio. Les pide que juren por Jehová, reconociendo que la autoridad es de Él. Y les pide misericordia: que cuando llegue la destrucción, ella y su familia sean salvados. Los espías le ofrecen una señal: un cordón de grana que debe colgar en su ventana.

Ese cordón no era decorativo. Era la diferencia entre la vida y la muerte. En el momento en que las murallas cayeran y la destrucción llegara a Jericó, ese cordón rojo en la ventana sería la única señal que marcaría a los que serían preservados. Los soldados de Israel lo reconocerían y pasarían de largo, igual que el ángel de la muerte había pasado de largo por las casas marcadas con sangre en Egipto.

Ese cordón de grana apunta directo a la cruz. La sangre de nuestro Señor Jesucristo es nuestra única señal segura en el tiempo del juicio. No hay otra protección. No hay otro refugio. No hay otra puerta. El cordón rojo en la ventana de Rahab era una sombra de lo que Cristo consumaría siglos después: una sangre que nos cubre, que nos distingue, que nos preserva cuando la destrucción pasa.

«Nuestra única señal segura
no es nuestra condición.
Es la sangre de Cristo.»

Su fe salvó a toda su familia

Los espías le dan una condición clara: el cordón debe estar en la ventana, y toda su familia debe estar dentro de la casa. El alcance de la protección dependía de que estuvieran bajo esa señal. Y Rahab no dudó. Reunió a su padre, su madre, sus hermanos y toda su familia, y los metió bajo ese techo.

Josué 6:25 confirma el resultado: «Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía.» La fe de una mujer preservó a todos los que estaban bajo su techo. No fue su mérito, no fue su historial, no fue su condición. Fue su fe, y esa fe extendió su cobertura sobre todo el que eligió quedarse con ella.

Cuántas veces la fe de una persona en un hogar es la que sostiene a toda la familia. Una madre que cree. Un padre que ora. Una hija que no suelta la promesa. La fe no es solo personal. Tiene alcance familiar, tiene alcance generacional.

La gracia que la insertó en el linaje de Cristo

Pero la historia de Rahab no termina en Jericó. Mateo 1:5 la nombra en la genealogía de Jesucristo. Rahab fue madre de Booz, abuela de Obed, bisabuela de Isaí, y tatarabuela del rey David. Una mujer gentil, una ramera de una ciudad pagana, fue insertada por la gracia de Dios en la línea directa del Mesías.

Esto nos dice algo que no podemos pasar por alto: el plan de salvación nunca fue exclusivo para Israel. Desde siempre, la gracia de Dios tenía ojos puestos en las naciones. En los que estaban afuera del pacto. En los que no tenían las condiciones religiosas correctas. En los que el mundo descartaría como imposibles. Rahab es la evidencia de que la gracia no tiene requisitos de historial.

Una mujer rota, de un pueblo ajeno, con un pasado que nadie hubiera elegido, creyó en un Dios que no conocía por lo que había oído de Él. Y ese Dios la recibió, la preservó, la restauró y la colocó en el árbol genealógico de Su propio Hijo. Nosotros hoy estamos inmersos en esa misma salvación. La misma gracia que alcanzó a Rahab es la que nos alcanzó a nosotros.

«La gracia de Dios no tiene requisitos de historial.
Solo requiere fe.»

Para reflexionar hoy

01

¿Hay testimonios de lo que Dios ha hecho que has oído pero no has dejado que se conviertan en fe? ¿Qué estás haciendo con lo que has escuchado de Él?

02

¿Has descartado a alguien, incluyéndote a ti mismo, como imposible para la gracia de Dios por su historial o condición?

03

¿Hay alguien en tu familia que todavía no está bajo la cobertura de la fe? ¿Estás creyendo por ellos con la misma intensidad con que Rahab reunió a los suyos bajo ese techo?

Oración

Señor, gracias porque tu gracia no tiene requisitos de historial. Gracias porque la misma sangre que fue señal de salvación para Rahab es la que nos cubre a nosotros hoy. Ayúdame a recibir cada testimonio de lo que Tú has hecho como semilla de fe en mi corazón. Y que esa fe alcance a toda mi familia. En Cristo, amén.

Luissana Jeanty · Vitamina Espiritual

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