Su poder se perfecciona en nuestra debilidad · Día 2

Mujer orando junto a una ventana con la Biblia abierta en su regazo. Día 2: Su poder se perfecciona en nuestra debilidad

Día 2 · Una semana sostenidas por su gracia

Lectura: 2 Corintios 12:7-10 (RVR1960)

«Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.»

Pablo venía hablando de las revelaciones que había recibido: experiencias tremendas, como ser arrebatado al paraíso y oír cosas que no se pueden expresar (2 Corintios 12:2-4). Eran vivencias que podían hacerlo sentir distinto a muchas personas. Pero él mismo dice: para que esas revelaciones no me exalten, «me fue dado un aguijón en mi carne».

La palabra original es skólops: algo afilado que se clava. El comentarista David Guzik explica que, aunque solemos imaginar una espina pequeña, la raíz de esta palabra describe más bien una estaca de tienda. No era una molestia menor: era algo que dolía de verdad y le recordaba, una y otra vez, que el poder no venía de él.

Pablo no dice exactamente qué era ese aguijón. Algunos intérpretes han propuesto una enfermedad física, problemas de visión o una persecución persistente. Sin embargo, ninguna de estas posibilidades puede afirmarse con certeza. Lo que sí afirma el texto es su propósito: «para que no me enaltezca».

Aquí debemos distinguir dos aspectos:

  • El aguijón es descrito como un mensajero de Satanás que atormentaba a Pablo.
  • Al mismo tiempo, Dios lo utilizó providencialmente para preservar a Pablo de la exaltación personal.

John Wesley lo resumió así: ese aguijón le fue dado por la sabia y bondadosa providencia de Dios. Y Matthew Henry lo describe como el método que Dios usó para mantener humilde a Pablo. Lo que el enemigo quería usar para herirlo, Dios lo usó para guardarlo cerca de su gracia.

Muchas veces nos sentimos poderosas e inteligentes, y más si somos mujeres luchadoras. Pero debemos recordar que toda esa inteligencia y todas nuestras fuerzas vienen de Dios, y que es solo por su gracia.

Pablo tenía mucho de qué gloriarse, incluso sus estudios. Pero todo lo sometió al Señor: «cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo» (Filipenses 3:7). Ese aguijón le recordaba que sus victorias eran del Señor, y que aun su debilidad estaba sometida a Dios, para que el Señor se llevara la gloria. Por eso pudo decir: «por la gracia de Dios soy lo que soy» (1 Corintios 15:10).

Fíjate en algo: Pablo pidió tres veces que se lo quitara, y Dios no se lo quitó. Le dio algo mejor: su gracia. Charles Spurgeon lo explicó con una pregunta sencilla: «¿No es el cielo suficiente para el ave, y el océano suficiente para el pez?». Así es su gracia para nosotras. Y como dice Guzik, no creemos de verdad que su gracia es suficiente hasta que reconocemos que nosotras no lo somos.

Y aquí está la buena noticia: Pablo dice que se gloría en sus debilidades «para que repose sobre mí el poder de Cristo». La palabra que usa evoca una tienda que se extiende sobre alguien. Donde Pablo era débil, Cristo extendía su poder sobre él como una cubierta. Su debilidad no lo alejaba de Cristo: era el lugar donde el poder de Cristo se veía completo.

Para aplicar hoy

  1. Agradece tus dones como gracia. Tu inteligencia, tu fuerza y tus logros son regalos de Dios. Dale la gloria por ellos.
  2. Nombra tu aguijón delante de Dios. Puedes pedirle, como Pablo, que lo quite. Y puedes confiar en su respuesta, aunque no sea la que esperabas.
  3. Deja de esconder tu debilidad. No es un obstáculo para Dios; es el lugar donde su poder se perfecciona.

Para pensar hoy

¿Cuál es el aguijón que hoy te recuerda que dependes de Él?

Oración

Señor, gracias porque todo lo que soy y todo lo que tengo viene de ti. Perdóname cuando me apoyo en mis fuerzas y me olvido de tu gracia. Hoy pongo delante de ti mi debilidad. Que tu poder repose sobre mí y que tú te lleves la gloria. En el nombre de Jesús, amén.

Mañana hablaremos de esas debilidades que nos avergüenzan.

Luissana Jeanty · Vitamina Espiritual

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