Sigue leyendo «¿Estás construyendo o destruyendo tu familia sin darte cuenta?»
Cuando la Mujer Abandona Su Lugar, el Mundo Se Rompe · Tito 2:3-5
Algo está pasando. Lo ves en las familias, en los hijos, en los matrimonios. Una desintegración silenciosa que nadie quiere nombrar porque suena incómodo, anticuado, controversial.
Pero tú lo sientes. Yo también.
Y no es porque las mujeres sean menos. Es porque hemos cambiado de posición sin entender el peso de lo que dejamos desocupado.
El contexto que lo cambia todo
Si leíste el devocional anterior, ya sabes que Tito 2:3-5 no es una lista de reglas para mujeres sumisas. Es una instrucción pastoral que Pablo le da a Tito, un líder joven en Creta — una sociedad que también estaba en desintegración moral.
Creta era una cultura caótica. El propio Pablo cita a un poeta cretense diciendo que sus habitantes eran «siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos» (Tito 1:12). No era muy diferente a lo que vemos hoy: una sociedad que ha normalizado el desorden y llama libertad a lo que en realidad es pérdida de rumbo.
En ese contexto, Pablo no escribe un manual de etiqueta femenina. Escribe una estrategia de restauración social que comienza con las mujeres maduras enseñando a las jóvenes.
Lo que el texto realmente dice
Tito 2:3-5
«Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.»
Aquí hay algo que los traductores le hicieron un flaco favor al texto. La palabra griega es presbyteras — que no significa «ancianas» en el sentido de edad avanzada, sino mujeres maduras, mujeres que han alcanzado una madurez de carácter, de fe, de experiencia.
John Stott señala que el término apunta a una posición de honor y responsabilidad dentro de la comunidad, no simplemente a la edad cronológica.
William Hendriksen profundiza aún más: el comportamiento que Pablo describe, hieroprepeis — literalmente «apropiado para lo sagrado» — implica que su vida entera debe tener una calidad que refleje lo santo. No solo en el templo. En casa. En cómo hablan. En cómo guían.
«No estamos hablando de abuelas dando consejos.
Estamos hablando de una generación de mujeres
con la responsabilidad de transmitir sabiduría real.»
Y aquí está la pregunta incómoda: ¿quién está haciendo eso hoy?
Cómo esto cambia todo
Hemos vivido décadas en las que se le ha dicho a la mujer que su mayor victoria es ocupar espacios que antes no podía ocupar. Y hay verdad en eso. Pero se nos olvidó algo: hay espacios que solo la mujer puede ocupar, y cuando los deja vacíos, nadie más los llena.
El hogar no es una prisión. Es una base de operaciones.
Los hijos que no son formados por manos de madre no dejan de ser formados. Los forma la pantalla, el algoritmo, la calle, la ideología de turno. Y los resultados están a la vista.
Thomas Schreiner señala que la instrucción de Pablo no es sobre inferioridad, sino sobre complementariedad funcional. Cada rol tiene un peso, una dignidad y una consecuencia cuando se abandona.
Tito 2:5
«…para que la Palabra de Dios no sea blasfemada.»
Eso es serio. Cuando una mujer cristiana abraza un rol que Dios no le asignó y abandona el que sí le asignó, no solo se desordena su vida. Se le da al mundo una razón para decir que el evangelio no funciona.
Aquí no se trata de si puedes trabajar, si puedes liderar, si puedes tener ambiciones. Se trata de si en medio de todo eso estás cumpliendo lo que solo tú puedes cumplir.
«La nueva generación necesita ver a alguien que no esté confundida.
Que sepa lo que es.
Necesitan verte a ti.»
Para ti hoy
Identifica el espacio vacío.
No para culparte, sino para ser honesta. ¿Hay algo en tu hogar, en tu matrimonio, en tu maternidad que has descuidado porque estabas ocupando otro lugar? Nómbralo. El primer paso de la restauración es el diagnóstico honesto.
Decide a quién estás formando.
Tito 2 no te llama solo a vivir bien. Te llama a transmitir. Hay una mujer más joven que tú que necesita lo que has aprendido — no en un sermón, sino en conversación real, en confianza, en amistad. Identifica a esa persona esta semana.
Rechaza el mensaje de que tu rol es pequeño.
La cultura va a intentar convencerte de que lo doméstico es inferior, que la maternidad es una limitación, que la sumisión es debilidad. Ancla tu identidad en lo que Dios dice de ti, no en lo que el mundo valora de ti.
Oración de cierre
Señor, perdónanos por haber abandonado los lugares que tú nos diste y por haber corrido hacia los que el mundo nos ofreció. Haznos mujeres maduras, no perfectas — maduras. Mujeres que formen a otras, que sostengan lo que se está cayendo, que vivan el evangelio de una manera que el mundo no pueda ignorar ni blasfemar. Que nuestra vida sea prueba de que tu Palabra funciona. Amén.
Preguntas para reflexionar
💬 ¿Hay un espacio en mi hogar, mi matrimonio o mi maternidad que he dejado vacío sin darme cuenta?
💬 ¿Estoy viviendo de una manera que el evangelio sea creíble, o mis decisiones le dan al mundo razones para dudar de él?
💬 ¿A quién estoy formando? ¿Hay una mujer más joven que necesita lo que Dios ha puesto en mí?
Con amor y fe,
Luissana Jeanty
Vitamina Espiritual

No estás cansada… estás resistiendo rendirte
En la última semana he estado meditando en algo que confrontó profundamente mi corazón.
Jesús no dijo simplemente: “descansen”…
Él dijo: “vengan a mí los trabajados y cargados.”
Y eso me hizo pensar…
Nos cansamos de muchas cosas en la vida.
De responsabilidades, de problemas, de preocupaciones…
pero también nos cansamos de cargas que Dios nunca nos pidió llevar.
Y hay algo más profundo aún.
A veces, el verdadero cansancio no viene de lo que hacemos…
sino de lo que nos negamos a soltar.
🌿 Una lucha silenciosa
Quiero abrir mi corazón contigo.
Muchas veces me he encontrado queriendo controlar todo:
mi hogar, mis responsabilidades, el ministerio, el futuro…
Aun teniendo apoyo, aun sabiendo que no estoy sola,
hay momentos donde me siento abrumada.
Quiero que todo salga perfecto.
Quiero anticiparme a todo.
Quiero tener un plan para todo.
Recientemente, cuando surgió la posibilidad de volver a Venezuela,
mi mente comenzó a correr:
“Quiero comprar un apartamento…
quiero invertir…
quiero planificar…”
Y sin darme cuenta…
terminé agotada.
No por lo que estaba viviendo…
sino por todo lo que estaba tratando de controlar.
Y ahí entendí algo:
Mi cansancio no venía de la carga…
venía de mi necesidad de tener el control.
📖 El llamado de Jesús
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón;
y hallaréis descanso para vuestras almas;
porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”
(Mateo 11:28–30)
📜 Contexto: un cansancio más profundo
Jesús no estaba hablándole simplemente a personas físicamente agotadas.
Le hablaba a un pueblo cansado de un sistema religioso pesado,
cargado de reglas, exigencias y tradiciones humanas.
Los escribas y fariseos imponían cargas que ni ellos mismos podían llevar.
Era un cansancio espiritual.
Un alma fatigada por intentar cumplir, sostener, controlar.
Y en medio de eso… Jesús dice:
“Vengan a mí.”
🪵 ¿Qué es el yugo?
El yugo era un instrumento de madera que unía a dos bueyes
para que caminaran juntos y llevaran la carga.
Pero había una condición:
Debían ir en la misma dirección.
Si no, se lastimaban.
Cuando Jesús habla de Su yugo, no está eliminando la carga…
Está diciendo:
“Yo la llevo contigo… pero bajo mi dirección.”
✝️ Entendiendo las palabras de Jesús
1. “Vengan a mí”
No es un método.
No es una técnica.
No es respiración, ni relajación.
Es una Persona.
Cristo no ofrece herramientas…
se ofrece a Sí mismo.
El mismo que llevó el peso del pecado en la cruz,
te dice hoy:
“Ven.”
2. “Yo les daré descanso”
No es evasión de problemas.
Es restauración del alma.
Es una paz que no depende de circunstancias.
Es el descanso que solo se encuentra en Su presencia.
3. “Lleven mi yugo”
Jesús no elimina toda responsabilidad…
pero cambia el peso.
Ya no caminas sola.
Ya no decides sola.
Ya no cargas sola.
Ahora caminas guiada por Él.
4. “Mi yugo es fácil”
No significa que no hay costo.
Significa que está alineado con la gracia,
no con la autoexigencia ni el control.
🔥 Confrontación espiritual
Entonces tengo que preguntarte…
y también preguntarme:
¿Y si no estás cansada… sino aferrada?
¿Y si tu agotamiento viene de querer controlar todo?
¿Y si no necesitas menos responsabilidades…
sino más rendición?
Porque muchas veces decimos:
“Dios, ayúdame con esta carga…”
pero seguimos sosteniendo el timón.
Seguimos queriendo decidir, controlar, anticipar todo.
Y así… terminamos agotadas.
🌱 Aplicación práctica
- Suelta el control de todo
(tus hijos, tu esposo, tus finanzas, tu futuro) - Deja de depender de tu propia fuerza
Tus fuerzas son limitadas… Él es Todopoderoso - Prioriza la intimidad con Dios sobre la actividad
No te llenes de cosas que vacían tu alma - Identifica cargas que Dios nunca te pidió llevar
Y suéltalas… hoy
✝️ Cristo en el centro
Cristo no solo te invita a descansar…
Él cargó primero.
En la cruz, llevó el peso del pecado,
la culpa, la condenación.
Por eso puede ofrecerte descanso verdadero.
El descanso no es dejar de hacer…
es reconciliarte con Dios y vivir bajo Su gobierno.
🌿 Cierre pastoral
Tal vez hoy no necesitas organizar mejor tu vida…
Tal vez necesitas rendirte.
Soltar el control.
Bajar el peso.
Y volver a Cristo.
🕊️ Frase final
El cansancio del alma no se resuelve descansando…
se resuelve rindiéndose.
🙏 Oración
Señor,
reconozco que muchas veces estoy cansada
no por lo que vivo…
sino por lo que intento controlar.
Perdóname por querer hacerlo todo en mis fuerzas,
por no soltar, por no confiar plenamente en Ti.
Hoy vengo a Ti,
con mis cargas, mis planes, mis preocupaciones.
Enséñame a rendirme,
a caminar bajo Tu yugo,
a confiar en Tu dirección.
Quita de mí el peso que nunca me pediste llevar
y lléname del descanso que solo Tú puedes dar.
En el nombre de Jesús,
amén.
Por
Luissana Jeanty

NO SIGAS TU CORAZÓN
Introducción
Hoy todo el mundo dice lo mismo:
“Sigue tu corazón”, “sigue tus instintos”, “deja que tu corazón te guíe”…
Como si el corazón fuera la fuente de la sabiduría.
Pero aunque no le guste a muchos, tengo que decirlo con claridad:
yo ya no sigo mi corazón.
Muchas veces lo hice…
y terminé frustrada, derrotada, herida.
Y no es casualidad.
La Escritura es clara:
“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”
— Jeremías 17:9
El profeta Jeremías no está hablando de algo superficial.
Está revelando la condición real del corazón humano caído:
no es confiable, no es neutral… está inclinado al engaño.
El problema no es externo… es interno
Jesús mismo lo confirmó:
“Porque del corazón salen los malos pensamientos…”
— Mateo 15:18–20
Cristo enseña que el problema del ser humano no está primero en lo externo,
sino en lo que brota desde dentro.
El corazón es el origen de:
- pensamientos pecaminosos
- decisiones equivocadas
- acciones que terminan dañándonos
El corazón, en la Biblia, representa el centro de la voluntad, las emociones y el pensamiento.
Y debido al pecado, ese centro está corrompido.
Por eso, seguir el corazón sin discernimiento…
es caminar sin dirección.
Cuando seguir el corazón nos rompe
Muchas veces tomé decisiones basadas en lo que sentía.
Pensaba que era correcto.
Sentía paz momentánea.
Creía que estaba haciendo lo mejor.
Pero el resultado fue distinto:
- heridas profundas
- confusión
- arrepentimiento
Y quizás tú que lees esto sabes exactamente de lo que hablo.
¿Cuántas veces pensaste que seguir tu corazón era lo más sabio…
y terminaste rota?
La verdad que el mundo no dice
El mundo te dice:
“Confía en ti”
Pero la Palabra te dice:
“No confíes en tu corazón”
No porque Dios quiera limitarte,
sino porque quiere guardarte.
1. Solo en Cristo está la verdadera sabiduría
“…Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”
— Colosenses 2:2–3
La sabiduría que necesitamos no está en nosotros.
Está en Cristo.
Toda verdadera sabiduría comienza cuando dejamos de confiar en nosotros mismos
y dependemos completamente de Dios.
La humanidad busca tesoros en muchas cosas: dinero, éxito, experiencias…
pero el mayor tesoro es la sabiduría divina.
Y esa solo se encuentra:
- en la Palabra
- en la oración
- en una vida rendida a Cristo
Una vida guiada por Cristo
Vivir en Cristo no significa ausencia de problemas.
Significa algo más profundo:
- tener discernimiento en medio del dolor
- tener dirección en medio de la confusión
- tener paz que no depende de emociones
Eso es obra del Espíritu Santo.
Cuando tu vida está guiada por Cristo:
- no reaccionas solo por emoción
- no decides impulsivamente
- no te dejas llevar por lo que sientes
Empiezas a vivir guiada por la verdad.
Decisiones: del corazón a la oración
No tomes decisiones basadas en emociones.
Llévalas a Dios.
“Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo;
mas en la multitud de consejeros se afirman.”
— Proverbios 15:22
Dios también usa:
- su Palabra
- la oración
- personas maduras en la fe
para guiarte.
Cierre
Seguir tu corazón puede parecer libertad…
pero muchas veces termina siendo esclavitud al error.
Cristo no vino para que confíes en tu corazón.
Vino para darte uno nuevo.
Un corazón transformado.
Un corazón guiado por su verdad.
Así que no…
no sigas tu corazón.
Sigue a Cristo.
Oración
Señor,
enséñame a no guiarme por lo que siento,
sino por tu verdad.
Reconozco que muchas veces he confiado en mi corazón
y he tomado decisiones que me han herido.
Hoy rindo mis emociones, mis pensamientos y mi voluntad a Ti.
Dame discernimiento,
guía mi vida por medio de tu Palabra
y enséñame a depender del Espíritu Santo en cada decisión.
Pon en mí un corazón nuevo,
que no se deje llevar por el engaño,
sino que desee seguirte a Ti por encima de todo.
Que mi vida no esté basada en sentimientos cambiantes,
sino en la firmeza de Cristo.
Amén.
Por
Luissana Jeanty
Dios obra en medio del silencio
Introducción
¿Cuántas veces hemos estado acostadas en nuestra cama pensando que el Señor no nos escucha?
¿Cuántas veces nos hemos sentido solas, pensando que Dios está callado, que no responde, que quizás se ha olvidado de nosotras? Oramos, esperamos… y sentimos como si nuestras palabras chocaran contra un techo de bronce, como si nuestras oraciones no lograran atravesarlo.
Así se sintió David.
En el Salmo 13, él clama diciendo:
“¿Hasta cuándo, Señor?”
Es el clamor de un corazón cansado de esperar.
Tal vez esa también ha sido tu oración.
Yo misma la he hecho muchas veces en mi vida. Muchas veces he mirado al cielo y le he preguntado al Señor: “¿Hasta cuándo?”
Pero hoy quiero decirte algo que he aprendido caminando con Él:
En medio del silencio, Dios sigue obrando.
1. Su obra en medio del silencio
Sé que no es fácil creerlo cuando el cielo parece callado. Pero la realidad es que Dios nunca deja de obrar, incluso cuando nosotros no podemos verlo.
A veces atravesamos temporadas que parecen ser una oración interminable sin respuesta. Sin embargo, en ese mismo proceso Dios está preparando algo mayor, algo que después revelará Su poder y Su gloria.
Esto nos recuerda lo que José dijo a sus hermanos en Génesis 50:20:
“Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien.”
Si pensamos en la historia de José, vemos un camino lleno de dolor: fue vendido por sus hermanos, esclavizado, acusado injustamente y encarcelado. Durante años pudo haber parecido que Dios estaba en silencio.
Pero Dios no estaba ausente.
Dios estaba obrando.
Nosotros hoy leemos esa historia completa en la Biblia y vemos el resultado final, pero quienes vivían ese momento no podían ver el propósito que se estaba formando detrás de escena.
Lo que parecía un silencio prolongado se convirtió en un propósito divino.
No hay nada en nuestra vida que sea simple coincidencia. Dios usa incluso los momentos más oscuros para manifestar Su poder.
Por eso esa verdad que muchos cantan es profundamente real:
aunque no lo puedas ver, Él sigue obrando.
Jesús mismo dijo a Marta en Evangelio de Juan 11:40:
“¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”
Nuestra parte muchas veces es creer antes de ver.
El profeta también escribió en Libro de Isaías 45:15:
“En verdad, tú eres un Dios que se oculta, Dios y Salvador de Israel.”
Esto no significa que Dios esté distante, sino que muchas veces Él está obrando detrás del telón, preparando lo que todavía no podemos comprender.
Y puedo decirlo con convicción: en mi propia vida he visto al Señor obrar así. Muchas veces solo después de atravesar la temporada puedo mirar atrás y ver con claridad todo lo que Él estaba haciendo mientras yo pensaba que guardaba silencio.
2. “Alumbra mis ojos”
En el salmo, David también hace una petición profunda:
“Alumbra mis ojos.”
Es una oración poderosa.
David reconoce que lo que más necesita no es solo una respuesta inmediata, sino la luz de Dios para poder seguir caminando sin perecer en medio de la prueba.
Y muchas veces eso es exactamente lo que necesitamos nosotros.
Que Dios alumbre nuestros ojos.
Que nos dé revelación.
Que nos permita ver con claridad espiritual aun cuando las circunstancias siguen siendo difíciles.
Porque en realidad Dios no está completamente en silencio. Muchas veces lo que sucede es que no ha respondido todavía lo que estamos esperando.
Pero sí nos ha dejado Su Palabra.
La Biblia dice en Salmos 119:105:
“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.”
Observa algo hermoso en este versículo: la lámpara alumbra los pies, no todo el camino completo.
A veces todo parece oscuro alrededor, pero Dios se asegura de que nuestros próximos pasos estén iluminados.
Tal vez hoy sientes que todo es difícil.
Tal vez lloras por lo que estás viviendo.
Yo he estado allí muchas veces, pensando que Dios guardaba silencio conmigo.
Pero cuando levantas tu rostro por un momento y secas tus lágrimas, puedes darte cuenta de algo: Él sigue allí.
Sigue alumbrando tus ojos.
Sigue guiando tus pasos.
Y si tropiezas, también está allí para levantarte.
En las noches más oscuras de mi vida, he visto esa luz del Señor. Y aunque muchas veces la respuesta que esperaba aún no había llegado, aprendí algo:
Dios sigue obrando.
3. Confío en tu misericordia
El salmo termina con un cambio profundo en el corazón de David.
Después de expresar su angustia, él declara:
“Mas yo en tu misericordia he confiado;
mi corazón se alegrará en tu salvación.
Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien.”
Esto es poderoso.
David no dice que las circunstancias ya cambiaron.
Lo que cambia es su confianza en Dios.
Él descansa en la misericordia del Señor.
Y declara algo sorprendente:
“me ha hecho bien.”
Lo dice incluso antes de ver la solución completa.
Porque cuando comprendemos quién es Dios, entendemos que Su obra ya está en movimiento. Él es bueno, y Su fidelidad no depende de lo que vemos en el momento.
La Escritura también nos recuerda que Dios ha preparado buenas obras para que caminemos en ellas. Su plan no ha sido cancelado por las dificultades.
Dios sigue obrando a tu favor.
Conclusión
Tal vez hoy sientes que el cielo está en silencio.
Tal vez tu oración sigue siendo la misma de David:
“¿Hasta cuándo, Señor?”
Pero incluso en el silencio, Dios sigue obrando.
Está preparando cosas que todavía no puedes ver.
Está guiando tus pasos aunque el camino parezca oscuro.
Y Su misericordia sigue sosteniendo tu vida.
El silencio de Dios nunca significa que Él se ha olvidado de ti.
Muchas veces significa que Él está trabajando en algo más profundo de lo que imaginamos.
Oración
Señor,
Hoy venimos delante de Ti con un corazón sincero.
Tú conoces las veces que hemos sentido que el cielo guarda silencio.
Tú conoces nuestras lágrimas, nuestras preguntas y nuestras oraciones repetidas.
Pero hoy queremos decidir confiar en Ti.
Alumbra nuestros ojos para que podamos ver Tu obra aun en medio de la espera.
Fortalece nuestra fe cuando las respuestas tardan en llegar.
Ayúdanos a recordar que Tú nunca dejas de obrar, aunque no lo veamos.
Gracias porque Tu misericordia nos sostiene, porque Tu amor no cambia y porque Tu plan sigue en marcha.
Hoy descansamos en Ti.
En el nombre de Jesús,
Amén.
Por
Luissana Jeanty

Derribadas, pero no destruidas: Cuando Dios te dice “Levántate”
Texto base: Josué 8:1–29 | 2 Corintios 4:9
Introducción
¿Cuántas veces hemos sido derribadas?
Derribadas por el fracaso emocional.
Derribadas por relaciones rotas.
Derribadas por decisiones equivocadas.
Derribadas por pecados que cometimos.
¿Cuántas veces hemos caído al piso creyendo que estamos vencidas?
A veces pensamos que fue el enemigo quien nos derribó.
Pero otras veces, lo más doloroso es reconocer que nuestros propios errores nos tiraron al suelo.
Y cuando estamos allí, en el piso, el enemigo comienza a llenar nuestra mente de acusaciones.
Nos dice:
“No te vas a levantar.”
“Ya fallaste demasiado.”
“Dios no puede usarte más.”
Pero quiero recordarte algo hoy.
Satanás solo vino a matar, robar y destruir (Juan 10:10).
Pero Jesucristo vino a darnos vida, salvación y victoria sobre el pecado y sobre nuestras fallas.
Contexto: Entre Josué 7 y Josué 8
Quiero regalarte una historia poderosa que ocurre entre Josué 7 y Josué 8.
El pueblo de Israel había experimentado una victoria impresionante en Jericó.
Las murallas habían caído por el poder de Dios.
Pero inmediatamente después ocurrió algo inesperado.
El pueblo fue derrotado en la ciudad de Hai.
La derrota fue humillante.
Treinta y seis hombres murieron, el ejército huyó y el corazón del pueblo se derritió de miedo (Josué 7:5).
Josué cayó rostro en tierra delante del Señor.
Se sentía derrotado.
Confundido.
Avergonzado.
¿Cómo era posible que después de una gran victoria ahora viniera una derrota tan vergonzosa?
La razón era clara: había pecado en el campamento.
Pero después de tratar el pecado, Dios vuelve a hablar.
Y en ese momento ocurre algo poderoso.
Levántate
En Josué 8:1, Dios le dice a Josué:
“No temas ni desmayes… Levántate.”
La palabra “levántate” en hebreo es קוּם (qum), y significa:
levantarse
ponerse en pie
restaurarse después de una caída
volver a ponerse en acción
Es como si Dios estuviera diciendo:
“No permitas que esta derrota destruya tu corazón.”
La palabra usada para “desmayar” significa quebrarse interiormente, quedar abatido.
Dios sabía que Josué estaba herido por la derrota.
Pero el Señor entra en escena y le dice:
“No temas. Levántate.”
Y así ocurre también con nosotros.
Cuando nos sentimos en el piso…
Cuando sentimos que fallamos…
Cuando pensamos que ya no hay esperanza…
El Señor entra en nuestra escena y nos anima.
Nos dice:
“No permitas que la derrota destruya tu corazón.”
Derribadas, pero no destruidas
El apóstol Pablo lo expresó de esta manera en 2 Corintios 4:9:
“Derribados, pero no destruidos.”
Para mí, esta escena es como la de un boxeador en el ring.
Imagina el momento.
El boxeador está tirado en el piso.
Ha recibido un golpe fuerte.
Parece que todo terminó.
Pero desde la esquina del ring el entrenador grita:
“¡Levántate!
¡La pelea es tuya!
¡Ya ganaste!”
Y en ese momento el boxeador se levanta con todas sus fuerzas.
Golpea una vez más.
Y gana la pelea por knockout.
Así es el mensaje de Dios para nosotras.
Tal vez fuiste derribada.
Pero no estás destruida.
Una estrategia y un nuevo propósito
Nuestro Señor Jesucristo es tan hermoso.
Nuestro Padre celestial nos ama tanto que después de una caída no nos desecha.
Nos reasigna a su propósito.
En Josué 8, Dios vuelve a darle instrucciones a Josué.
Le da una nueva estrategia.
Le vuelve a asignar la misión de conquistar la ciudad.
Esto es extraordinario.
Dios no le dice:
“Ya fallaste, ahora otro liderará.”
No.
Dios vuelve a confiar en él.
Esto nos enseña algo poderoso:
Un error no define quién eres en Cristo.
En Cristo eres:
lavada por su sangre
justificada por la fe
restaurada por su gracia
Dios no define tu vida por tu peor error.
Las derrotas nos enseñan.
Nos hacen más fuertes.
Nos hacen más dependientes de Dios.
Nos hacen madurar.
Atentas y dispuestas
Luego Josué da instrucciones a los guerreros.
Y les dice algo muy importante:
“Estad atentos y estad dispuestos.”
(Josué 8:4)
La palabra hebrea para “dispuestos” significa:
preparados
firmes
listos para actuar
Esto es clave.
Después de ser restauradas por Dios, debemos vivir:
atentas y dispuestas.
Atentas para escuchar la voz de Dios.
Dispuestas para obedecer cuando Él nos diga que avancemos.
Y esto solo ocurre a través de una vida de intimidad con Dios.
Una relación viva con Él.
Oídos espirituales afinados para escuchar su dirección.
Cuando Dios da la orden…
debemos estar listas para dar pasos certeros.
Conclusión
La historia de Josué 8 nos recuerda algo muy poderoso.
El fracaso no es el final cuando volvemos a Dios.
Podemos ser derribadas.
Pero no estamos destruidas.
Dios sigue teniendo un propósito para nuestra vida.
Y cuando el Señor dice:
“Levántate”
es porque todavía hay victoria por delante.
Oración
Señor amado,
Gracias porque tu gracia es mayor que nuestras caídas.
Gracias porque cuando nos sentimos derrotadas, tú entras en nuestra escena y nos dices que no tengamos miedo.
Ayúdanos a levantarnos cuando caemos.
Sana nuestro corazón cuando está quebrado.
Silencia toda acusación del enemigo y recuérdanos que en Cristo somos perdonadas, restauradas y llamadas a tu propósito.
Danos oídos atentos para escuchar tu voz y un corazón dispuesto para obedecer.
Y cuando el enemigo diga que todo terminó, recuérdanos que en ti la victoria ya fue ganada.
En el nombre de Jesús.
Amén.
Por Luissana Jeanty


No es lo que entra en tu boca… es lo que sale de tu corazón
INTRODUCCIÓN
Vivimos en una época en la que todos estamos cuidando mucho nuestra alimentación. Hace poco incluso cambiaron la pirámide alimenticia y muchos tratamos de seguir esas recomendaciones. Particularmente, yo misma entré en un régimen de dieta —que luego les contaré— porque sabemos que debemos cuidarnos para estar más sanos.
Y ni hablar de la salud bucal. Mi esposo, por ejemplo, es un verdadero fanático del cuidado de sus dientes.
En general, todos procuramos cuidar lo que entra a nuestro organismo: lo que comemos, lo que bebemos, lo que consumimos. Pero pocas veces pensamos en algo igual de importante:
nadie cuida lo que sale del corazón.
Las palabras
Cada palabra que decimos revela lo que hay en lo profundo de nuestro corazón: la ira, el orgullo, la autosuficiencia, la impaciencia, la frustración, la incredulidad… y podríamos seguir mencionando muchas más.
Meditando en esto, me doy cuenta de algo. Podemos pasar horas quejándonos: de lo caro que están las cosas, de la falta de dinero, de las guerras, de la incertidumbre y la desesperanza que todo esto produce.
Pero ¿cuánto hablamos de la bondad de Dios?
¿Cuánto hablamos de los beneficios de vivir una vida con Cristo?
Y no estoy hablando de materialidad. Estoy hablando de una vida que, en medio de las pruebas, tiene gozo.
Una vida que, en medio de la necesidad, confía en que Dios provee.
Una vida que, aun en medio de la enfermedad, descansa en el poder de nuestro Señor Jesucristo.
Y más aún, una vida cuya esperanza está puesta en Él, quien ha salvado nuestras vidas.
Jesús mismo nos recuerda una verdad profunda:
“El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.
Porque de la abundancia del corazón habla la boca.”
— Mateo 12:35, 34
Por eso necesitamos alimentar nuestro corazón con la Palabra del Señor, para que de nuestra vida salgan los frutos dignos de arrepentimiento de los que habla la Escritura.
Cristo transforma el corazón
Si nuestro corazón no se llena del amor de Dios y de Su Palabra, entonces terminaremos contaminando a otros con lo que sale de nosotros: ira, orgullo, juicio, impaciencia, incredulidad.
Solo Cristo puede cambiar y transformar lo que hay dentro.
Jesús dijo:
“No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.”
— Mateo 15:11
A veces nos volvemos contenedores de nosotros mismos y también de lo que nos rodea. Guardamos frustración, temor, enojo, y tarde o temprano todo eso termina saliendo por nuestra boca.
Por eso necesitamos la transformación del Espíritu Santo en nuestras vidas. Necesitamos que Cristo venga y gobierne nuestro corazón.
El evangelio de Cristo no solo cambia comportamientos.
Cristo transforma el corazón.
El profeta lo anunció así:
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros;
y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.”
— Ezequiel 36:26
Un corazón vivo.
Un corazón sensible a Dios.
Un corazón que pueda sentir… pero sobre todo un corazón rendido a los pies de Cristo.
Por eso hoy, además de revisar lo que comemos —que es bueno hacerlo— revisemos primero nuestro corazón.
Rindámoslo al Señor.
Que de él salgan palabras que edifiquen, palabras llenas de gracia, palabras guiadas por el Espíritu Santo.
Haz un alto hoy y pregúntate con sinceridad:
¿Necesita mi corazón la transformación de Cristo?
Oración
Señor,
Hoy reconozco que muchas veces me preocupo por lo que entra a mi vida, pero no examino lo que sale de mi corazón.
Perdóname por las palabras que han revelado orgullo, impaciencia, incredulidad o ira.
Te pido que transformes mi corazón.
Llénalo con tu verdad, con tu amor y con tu Palabra.
Quita de mí todo lo que no te honra
y dame un corazón nuevo, sensible a tu voz.
Que de mi boca salgan palabras que edifiquen, que consuelen y que reflejen que Cristo vive en mí.
Espíritu Santo, gobierna mis pensamientos, mis emociones y mis palabras.
Que mi vida muestre que el evangelio no solo cambia conductas, sino que transforma el corazón.
En el nombre de Jesús.
Amén.
Por
Luissana Jeanty

Rompiendo Fortalezas Mentales (Parte 2)
El Poder que No Viene de Ti
Texto base: 2 Corintios 10:4–5 (RVR1960)
“Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios…”
Introducción
Vivimos en una generación que constantemente nos repite que somos poderosos.
Nos dicen que estamos “empoderados”.
Que todo está en el poder de la mente.
Que el pensamiento positivo puede cambiar nuestra realidad.
Estas corrientes han penetrado incluso dentro del cristianismo, distrayendo a muchos creyentes sin que se den cuenta.
Pero el poder que actúa en nosotros no viene de nuestras fuerzas.
No viene de nuestro conocimiento.
No viene de nuestra inteligencia.
Todo poder viene del Espíritu Santo de Dios.
Y si no entendemos esto, terminaremos luchando con armas equivocadas.
1. El Poder es “en Dios”, no en mí
El texto es claro:
“Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios.”
Debemos destacarlo con claridad:
Son poderosas en Dios.
No son poderosas en mí.
Es decir, fuera del Señor nada podemos hacer.
Jesucristo dijo:
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos… separados de mí nada podéis hacer.”
Fuera del Señor no hay manera de vivir una vida de victoria si no estamos sujetos a Su dominio.
El apóstol Pablo enfatizó en varias de sus cartas que el poder que actúa en nosotros viene del Espíritu Santo que habita en nosotros. Si el Espíritu Santo no actúa, no hay poder.
Por eso el Señor le dijo a Pablo:
“Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”
Nosotros somos débiles.
Estamos quebrados.
Somos pecadores.
Pero en Su misericordia, Dios ha decidido depositar Su poder en nosotros para darnos victoria sobre el pecado, sobre las situaciones que nos atacan y sobre las fortalezas que se levantan contra el conocimiento de Cristo.
La raíz de la palabra “poder”
En este texto, Pablo utiliza la palabra griega dynatos, que significa poderoso, fuerte, eficaz. Proviene de dynamis, que significa poder o fuerza inherente.
No es energía emocional.
No es autosugestión.
No es repetición mental de frases motivacionales.
Es poder divino.
El poder no está en el instrumento que usamos.
Está en el origen: Dios mismo actuando en nuestra vida.
Pablo también usa esta palabra en Romanos 1:16:
“No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios.”
El evangelio no solo inspira.
El evangelio transforma.
Ese es el poder del que estamos hablando.
2. Dependencia Total: La Clave de la Victoria
Si entendemos que el poder no viene de nosotros, entonces debemos reconocer nuestra absoluta dependencia de Dios.
“Separados de mí nada podéis hacer.”
Cuando no dependemos del Señor, nos estancamos.
Y no solo nos estancamos: fracasamos en nuestros intentos.
La autosuficiencia nos hace creer que somos grandes cosas.
Pero la verdad es que dependemos absolutamente del Señor.
La humillación precede a la victoria.
La reverencia precede al triunfo.
No podremos vivir de victoria en victoria si no vivimos en dependencia total.
Esto no significa que no enfrentaremos pruebas.
Las pruebas son exámenes que debemos pasar.
Pero si no dependemos del Señor, nos quedaremos repitiendo la misma prueba una y otra vez, sin avanzar espiritualmente.
3. No es Autosugestión, es Rendición
La humanidad está viviendo bajo la corriente de la autosugestión.
Decimos:
“Yo puedo.”
“Soy un ganador.”
“Soy un vencedor.”
Estas frases pueden sonar bonitas.
Pero si no están centradas en Cristo, se convierten en un círculo vacío.
Durante el día repetimos palabras positivas.
Pero en la noche, en la soledad, las fortalezas mentales vuelven.
La ansiedad vuelve.
La tristeza vuelve.
Porque el poder no es emocional.
No se basa en sentimientos.
La Biblia dice que el corazón es engañoso.
No es optimismo espiritual.
No es decir “todo va a salir bien”.
Es rendición.
En la cultura griega donde Pablo predicaba había mucha intelectualidad, mucha filosofía. Las personas confiaban en su disciplina y conocimiento.
Pero Pablo dijo que todo lo tenía por estiércol con tal de ganar la excelencia de Cristo.
La disciplina humana sin Cristo no transforma.
La filosofía sin Cristo no salva.
El creyente no lucha para producir poder.
Lucha desde el poder que Dios ya manifestó en Cristo.
Cierre
Si estás luchando con tus propias fuerzas, estás luchando mal.
Nuestras armas no son carnales.
No son de nuestra mente.
No son de nuestra inteligencia.
No son de nuestras emociones.
No son de nuestra disciplina.
Son atribuidas completamente al poder del Espíritu Santo.
A la gracia salvadora de nuestro Señor Jesucristo.
El poder no nace en ti.
Viene de Él.
Y cuando te rindes, ese poder actúa.
Oración Final
Señor Jesús,
Reconozco que muchas veces he querido luchar con mis propias fuerzas.
He confiado en mi inteligencia, en mi disciplina, en mis emociones.
Perdóname por creer que puedo sin Ti.
Hoy me rindo.
Reconozco que separado de Ti nada puedo hacer.
Deposita en mí ese poder que viene de Tu Espíritu.
Derriba toda fortaleza que se levanta contra Tu conocimiento.
Gobierna mi mente.
Gobierna mi corazón.
Gobierna toda mi vida.
Que no sea autosuficiencia,
que sea dependencia total.
En Tu nombre,
Amén.
Por Luissana Jeanty
Rompiendo Fortalezas Mentales (Parte 1)
La Guerra que No Ves
Texto base:
2 Corintios 10:4 (RVR1960)
“porque las armas de nuestra milicia no son carnales…”
Introducción
Vivimos cansadas.
Pero no siempre por lo que creemos.
No es solo trabajo.
No es solo responsabilidades.
No es solo presión.
Es guerra.
Pero no una guerra visible.
Esta guerra nos roba energía, nos debilita y, lo que es peor, si no la luchamos correctamente, nos roba la paz y el gozo.
Por eso debemos estar conscientes de la guerra que vivimos todos los días y entender cómo combatirla con las armas correctas que nos enseña el apóstol Pablo.
También es importante comprender que no es una guerra contra personas físicas. Es una batalla espiritual que muchas veces se forma en nuestra mente. Y solo con las armas que el Espíritu Santo nos da podemos tener la victoria.
1. El Contexto que No Podemos Ignorar
Cuando el apóstol Pablo escribe a la iglesia en Corinto, está respondiendo a críticas fuertes contra su autoridad apostólica. Algunos lo acusaban de ser débil en persona y fuerte solo por carta.
En ese contexto, Pablo aclara algo crucial:
su ministerio no opera con armas humanas.
La palabra “milicia” no es poética. Es militar. Es confrontación real.
Pero no física.
Pablo está hablando de una batalla espiritual que ocurre en el terreno de la mente y del conocimiento de Dios.
No está enseñando psicología moderna.
Está defendiendo la verdad del evangelio frente a pensamientos que se levantan contra ella.
2. “Las armas no son carnales”
Carnal no significa aquí, en primer lugar, “pecaminoso”.
Significa humano, natural, dependiente de fuerza propia.
Pablo está diciendo que la batalla del evangelio no se gana con:
- Manipulación
- Carisma
- Argumentos orgullosos
- Fuerza emocional
- Estrategias humanas
Y aquí es donde esto se vuelve personal.
Muchas de nuestras batallas mentales las peleamos con armas carnales:
Intentamos controlar todo.
Intentamos pensar más fuerte.
Intentamos ser más disciplinadas.
Intentamos convencernos.
Y terminamos agotadas.
Porque la mente no se reforma con fuerza humana.
Nuestra autosuficiencia nos hace pensar que con nuestras propias fuerzas, o con el muy famoso “pensamiento positivo”, podemos librar esta batalla. Pero no hay nada que podamos hacer si no rendimos completamente nuestras fuerzas, nuestras emociones y nuestros sentimientos a la obediencia de Cristo.
Estas armas no son humanas.
No son producto de mi conocimiento.
No son resultado de mi inteligencia.
Es el poder del Espíritu Santo.
3. La Fortaleza de la Autosuficiencia
Antes de hablar de “fortalezas mentales” como pensamientos negativos, debemos confrontar la primera fortaleza: la autosuficiencia espiritual.
La idea silenciosa de que podemos resolver nuestra mente sin rendirla a Cristo.
Esa es una fortaleza.
Una estructura interna que resiste depender completamente de Dios.
Y mientras luchamos con nuestras propias armas, nos debilitamos.
En mi caminar con el Señor y en la vida cristiana, me he dado cuenta de que esta fortaleza de la autosuficiencia se cuela sutilmente en nuestra vida. Creemos incluso que, porque somos maduros espirituales, estamos exentos de debilidades. Confiamos en nuestra propia fe, cuando es el Señor quien nos la provee para creer y confiar en Él.
Es una dependencia absoluta.
Incluso para tener fe, necesitamos de Él.
No son fórmulas mágicas.
No es como decir dos oraciones repetidas y pensar que ya está resuelto.
Es rendición total.
Pero rendición de nuestro ego que quiere solucionar la vida a través de lo que a nosotros nos parece correcto.
Solas no podemos.
Puedes ser psicóloga.
Puedes ser terapeuta profesional.
Puedes ser líder en la iglesia.
Puedes ser pastor.
Pero si el Espíritu Santo no es quien te ayuda, simplemente no puedes vencer esas batallas.
Por eso la autosuficiencia solo te lleva al fracaso.
No seas sabia en tu propia opinión.
Ríndete a Cristo.
4. Cristo en el Centro de la Batalla
Este texto no es un llamado a pensar positivo.
Es un llamado a rendir la mente al Señorío de Cristo.
Porque solo Él tiene autoridad sobre:
- La mentira
- El orgullo
- El temor
- La acusación
- El engaño
La victoria no comienza cuando tú entiendes todo.
Comienza cuando dejas de pelear sola.
Cristo no solo salva tu alma.
Cristo reclama tu mente.
Muchas veces decimos que Jesucristo es nuestro Señor, pero solo en algunas áreas. Decimos que Él gobierna nuestra vida, pero pensamos: “Mis pensamientos son míos. Mis emociones son mías”.
Sin embargo, cuando Cristo es verdaderamente Señor, gobierna sobre todo.
Y aquí hay algo importante: el pensamiento positivo, por sí solo, no puede gobernar tu mente.
Puedes pensar muy positivo durante el día.
Pero cuando cierras la puerta de tu habitación y te acuestas, los pensamientos vuelven.
Las dudas vuelven.
Los temores vuelven.
La angustia no se va.
Es entonces cuando entendemos que solo Cristo puede tomar nuestra mente y gobernarla.
Así como cuando calmó la tempestad, también puede decirle a tus pensamientos:
“Calla, enmudece”.
Y allí viene una suave brisa de paz.
5. Aplicación
Tal vez estás agotada porque estás usando armas carnales:
- Control
- Ansiedad productiva
- Razonamientos constantes
- Sobrepensar
- Autoexigencia espiritual
Hoy no necesitas más esfuerzo.
Necesitas rendición.
La guerra es real.
Pero no es como crees.
No se gana con más fuerza.
Se gana con dependencia.
Se gana soltando las riendas y diciéndole al Señor Jesucristo:
“Me rindo.
Calma la tempestad de mi mente.
Calla mis pensamientos y dame tu paz.”
Conclusión
Esta es solo la primera parte.
Antes de hablar de derribar fortalezas, debemos aceptar algo:
No podemos vencer con armas humanas.
La buena noticia es esta:
Las armas no son tuyas.
Son de Dios.
Y en Él, son poderosas.
La próxima semana hablaremos de eso.
Pero hoy…
Deja de pelear sola.
Cristo ya está en el campo de batalla.
Por Luissana Jeanty
DIOS ES AMOR
📖 1 Juan 4:7–10 (RVR1960)
🌿 INTRODUCCIÓN
Vivimos en un mundo donde la palabra “amor” se usa para todo. Amor como emoción, como romance, como afecto familiar, como admiración por la vida. Pero cuando el apóstol Juan escribe estas palabras, no está describiendo un sentimiento pasajero. Está revelando la naturaleza misma de Dios.
Dios no tiene amor.
Él es la esencia del amor.
Él es amor.
Eso significa que el amor no comienza en nosotros, ni depende de nuestras circunstancias. Su origen está en el carácter eterno de Dios, y Su expresión más clara se manifestó cuando envió a Su Hijo al mundo.
Yo soy una mujer enamorada de la vida.
Enamorada de mi esposo, de mis hijos.
Amo a mis hermanas, amo a mis cuñados.
Mis sobrinos y sobrinas son como mis hijos y los amo.
Amo a mis padres, a mis tíos y tías.
Amo la iglesia, los hermanos y hermanas.
Todo eso es hermoso. Todo eso es un regalo.
Pero el amor más grande, el que ha cautivado mi corazón, es el de mi Señor.
El Padre Celestial envió a Su único Hijo a morir por mí.
Mi Señor Jesucristo no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó de Su majestad por amor.
Él me amó primero… y por eso yo lo amo.
Y ahora la pregunta es:
¿Cómo respondo a ese amor?
📖 VERDADES BÍBLICAS
1️⃣ El amor tiene un origen divino
“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios…”
El amor verdadero no nace en el corazón humano como un simple sentimiento. Su fuente es Dios mismo.
Amar no es solo una virtud cristiana; es evidencia de haber nacido de Él.
Cuando Juan dice que “Dios es amor”, no está diciendo que Dios es solo afecto o emoción. Está declarando que el amor pertenece a Su misma naturaleza. Todo lo que Él hace, lo hace en coherencia con quien Él es.
Por eso, el que no ama no ha conocido a Dios.
No se trata de perfección, sino de dirección: quien ha sido alcanzada por el amor de Dios comienza a reflejarlo.
2️⃣ El amor se mostró en la cruz
“En esto se mostró el amor de Dios… en que envió a su Hijo unigénito…”
El amor no quedó en palabras.
Se manifestó históricamente.
No consistió en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a Su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
Eso significa que Cristo tomó nuestro lugar.
Cargó nuestra culpa.
Satisfizo la justicia divina.
El amor comenzó en el cielo, no en mi corazón.
Yo no lo busqué primero.
Él me amó primero.
Y esa verdad transforma completamente la manera en que amo.
3️⃣ Permanecer en Su amor es responder correctamente
¿Cómo respondo a ese amor?
Primero, amándolo como Él me amó.
Permaneciendo en Su amor.
No se trata de intentar merecerlo, sino de vivir conscientes de que ya lo recibimos.
Él nos ha dado al Espíritu Santo como garantía de que podamos permanecer en Él y vivir una vida que le agrade, no para ganar Su favor, sino en respuesta agradecida.
El amor consiste en que Él me amó primero…
y por eso yo respondo en amor y agradecimiento.
4️⃣ Amar a otros es una evidencia inevitable
La Biblia dice que el que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
Y también pregunta: ¿Cómo podemos amar a Dios que no hemos visto, si no amamos a quienes sí vemos?
El amor de Dios no se queda encerrado en el corazón.
Se derrama.
Si realmente he sido alcanzada por el amor de Cristo, ese amor debe fluir hacia mi esposo, mis hijos, mis hermanas, la iglesia, incluso hacia aquellos que me cuestan.
No es un amor selectivo.
Es un amor que refleja al Padre.
5️⃣ El amor echa fuera el temor
Otra cosa maravillosa que produce ese amor es que echa fuera todo temor.
Cuando sé que soy amada, camino con confianza.
El temor paralizante pierde fuerza cuando entiendo que Cristo ya pagó por mis pecados.
El amor perfecto no elimina la reverencia, pero sí elimina el miedo a la condenación.
Y esa seguridad me libera para avanzar.
Hoy debemos recibir ese amor, amar a otros y confiar… para que el temor se vaya.
🌸 APLICACIÓN
- Recibe el amor de Dios cada día como un regalo inmerecido.
- Permanece en Él, no desde el esfuerzo, sino desde la gratitud.
- Ama a otros como respuesta, no como obligación.
- Camina en confianza, dejando que el amor eche fuera el temor.
El amor no comienza conmigo.
Pero sí debe continuar a través de mí.
❓ PREGUNTA PARA REFLEXIONAR
¿Estoy amando desde la seguridad de haber sido amada primero…
o desde el intento de demostrar algo?
¿El amor de Dios está echando fuera mis temores hoy?
🙏 ORACIÓN
Padre Celestial,
Gracias porque Tú no solo tienes amor…
Tú eres amor.
Gracias porque me amaste primero,
porque enviaste a Tu Hijo en propiciación por mis pecados.
Gracias porque en Cristo encuentro seguridad y descanso.
Enséñame a permanecer en Tu amor.
Haz que mi vida sea una respuesta agradecida.
Que el amor que derramaste en mí fluya hacia otros.
Y que Tu amor perfecto eche fuera todo temor de mi corazón.
Que viva cada día confiando en que soy profundamente amada por Ti.
En el nombre de Jesús,
Amén.
Por Luissana Jeanty